Ante la crisis que nos acecha es la hora de los sensatos, de la gente normal. Así pues, ¿Qué puede hacer una persona como tú en una crisis como esta?
– Tener criterio. Uno debe estar informado para poder valorar las cosas con calma y no hacer caso al primer cantamañanas.
– Tener optimismo. Ser optimista no significa hacer ver que no pasa nada sino tener la convicción de que trabajando con uñas y dientes se saldrá adelante de una situación como esta. Queda prohibido hablar de crisis.
– No distraerse. Estar atento es condición para que se te presenten nuevas oportunidades.
– Ser prudente. El sensato, no consume; gasta con la cabeza, nada más.
– Entender las cosas en las que invertimos. Saberlas explicar sin un papel delante, traducirlas en euros contantes y sonantes.
– Trabajar mejor. Al que trabaja todo el día no se le pueden exigir más horas pero sí que trabaje mejor. La innovación nos exige a todos. No sólo a la General Motors y estas empresas sino a todas las organizaciones, a la mercería de la esquina. La carnicera del mercado de Galvany ha aprendido japonés porque tiene clientela de ese país.
Bueno… y además de esto ¿qué? El sensato también se da cuenta de que en la situación en que estamos lo menos importante es lo económico ya que sobre todo se trata de una crisis de decencia. Hemos jugado muchos años al todo vale, y si todo vale, vale todo, que quiere decir que yo te pongo la zancadilla a ti y tú a mí. Hay que revisar nuestro manual de instrucciones, un manual que te dice “si trabajas mucho serás persona, si eres honrado, serás más persona, si eres leal serás más persona, si no mientes, serás más persona…”
– ¿Hay que volver a los viejos valores? Los valores no son viejos; son. Habrá que volver al viejo valor de no meter la mano en la caja ajena y llevarse el dinero a casa, sí; habrá que volver al viejo valor de no mentir, sí; habrá que volver al viejo valor de ser leal, sí; es que yo no sabía que nos habíamos ido, pero habrá que volver sí, sí, claro.
– ¿Hay que implementar la cultura del esfuerzo? Me pone a cien que se diga que hay volver a la cultura del esfuerzo; me pone nerviosísimo porque lo otro, la cultura de la ¿vagancia? nunca ha sido una cultura. El vago queda excluido de cualquier forma de organización o progreso.
En definitiva, esta crisis tiene pinta de ser larga, larga, larga pero hagámosla apasionante. Y ahí es donde los sensatos tienen que demostrar que es ser sensato.